“Felices los que saben ponerse en el lugar del otro, en los que tienen la capacidad de abrazar, de perdonar. Todos hemos alguna vez experimentado esto. Todos en algún momento nos hemos sentido perdonados, ¡qué lindo que es! Es como recobrar la vida, es tener una nueva oportunidad”. – Discurso preparado para el encuentro con los jóvenes en la Costanera de Asunción, el 12 de julio.

El apostolado de su santidad Francisco hace énfasis en la alegría del evangelio y de la apertura al acto más puro que identifica al creyente, como lo es el perdón. Muchas veces hemos sido afectados por momentos duros de nuestra vida donde las lágrimas inundan nuestro rostro y un dolor en el pecho lacera el corazón con tanta fuerza que nos doblegamos hasta creer que todo está perdido. Duele aún más cuando viene de aquellas personas que tanto amamos porque en ellas hemos puesto gran parte de nuestro ser. Sin embargo, el mensaje de Jesús nos hace una invitación al perdón como una experiencia que da vida al que perdona y libertad al que necesita ser perdonado. No es algo que deba hacerse porque toca sino como un deseo que nazca de nuestra relación con Dios.

Es necesario saber que los seres humanos no estamos exentos a los errores. Reconocer que fallamos es el primer paso para vivir el perdón porque nos hace recordar nuestra fragilidad como seres humanos y que nos somos perfectos, lo cual debe hacernos reflexionar que los demás también pueden fallarnos. Dice el papa francisco: “Felices los que saben ponerse en el lugar del otro”, como segundo paso es necesario colocarnos desde la perspectiva del otro y entender el arrepentimiento que nace de su corazón. Sé que es difícil porque consideramos que no era justo que nos hicieran daño, pero como creyentes debe notarse que seguimos a Jesús para estar abiertos a dar el perdón. Y si se nos hace difícil, recordemos cuando hemos sido perdonados y lo que ha significado para nosotros.

Cuando se vive la fiesta del perdón se recobra la alegría, se vive una nueva oportunidad. Es como si se naciera de nuevo y se empezara a luchar por ser mejor… Dejemos que la palabra de Dios haga eco porque un corazón que perdona es una corazón abierto a la gracia de Dios.