Vi un documental sobre unas madres cuyos hijos desaparecieron en esta guerra cruel y sucia que vive Colombia hace más de 50 años. Una guerra que a muchos colombianos solo ha tocado a través de las noticias, pero que a otros impactó de frente y directo en el corazón. Les arrebató madres, padres, hermanos, hijos, tierras, animales, pertenencias, sus vidas.

Esas madres pertenecen a esos últimos. Una raza de campesinos colombianos, valientes, trabajadores, sencillos, que tuvieron la mala fortuna de quedar en medio de la guerra. Que fueron usados por unos y otros para su beneficio. Gente que fue sacada a la brava de su tierra o a quien le quitaban sus animales y cosechas, solo porque estaban en sus zonas de influencia.

Jóvenes que desaparecieron o fueron desaparecidos porque si o porque no, por salir de sus casas creyendo que no le debían nada a nadie pero había alguien que creía que si le debían. Desaparecieron por los absurdos de las guerras.

Mamás que veinte años después de irse sus hijos, aún los esperan, unas que supieron por boca de sus asesinos, sobre la muerte de ellos y otras que solo encontraron los huesos. Mujeres de todas las edades unidas por el dolor y la pérdida.

Esas mujeres unieron sus dolores en uno solo y como si fueran una, buscaron la verdad. En el camino, se encontraron con amistad, solidaridad, con la posibilidad de sanar sus heridas. Con el aprender a trabajar en equipo y por objetivos; pero por encima de todo, se encontraron con el perdón.

Buscaron a los victimarios de sus seres queridos, los encontraron, desahogaron en ellos su rabia, su dolor, su angustia y sus pérdidas. Se quejaron por la injusticia, por lo absurdo, por los abusos. Una vez vaciada el alma, los pudieron ver como a seres humanos, equivocados, perdidos en la irracionalidad de una guerra que a ellos también se los llevó, y perdonaron.

Perdonaron para poder seguir adelante, para sanar sus vidas y a sus familias, para dejar de ser quienes se toman el veneno para esperar que el otro se muera. Sanaron ellas y se encontraron de frente con Jesús, con su misericordia y con su capacidad de tener siempre los brazos abiertos para el caído, para el equivocado.