El “no estamos solos” que ha sido una constante en las últimas reflexiones del Santo Padre, debe llevarnos a reflexionar con más profundidad la esperanza que está reflejada en el evangelio y que tenemos la responsabilidad de hacer vida, ser evangelios vivientes, hacer que nuestro existir tenga una verdadera relevancia para nuestra misión acá en la tierra.

Y en este servicio a los demás, no podemos caer en desconocer nuestra humanidad, el creernos auto suficientes y poco necesitados de eso que damos y que evidentemente recibimos como don de Dios – el consuelo -. Y es allí donde el Papa Francisco se ha centrado en su homilía de hoy en la Casa de Santa Marta – El consuelo es un don de Dios y un servicio a los demás – que no es un mero ejercicio “autónomo” de mirarnos al espejo cada mañana y alentarnos únicamente, sino que traspasa a una experiencia espiritual, y para que sea real debe tener una – alteridad – asegura el pontífice.

El consuelo como alteridad, es don porque descansamos en Él, a través de la oración – somos consolados -, y servicio porque al recibirlo, no podemos reservarlo para nosotros únicamente, sino que debe ser puesto al servicio de otros – damos de lo que tenemos, somos portadores de ese consuelo – con responsabilidad, sin vanagloriarnos, pero si reflejando esta gracia que hemos recibido del Padre.

Para alcanzar esta gracia, no se necesita una fórmula mágica o llenar cantidad de requisitos, sola basta con un corazón abierto y feliz como lo dice el Papa Francisco para disfrutar de este maravilloso regalo de nuestro creador ¡Disfrútalo, es gratis!