Tanto hablamos de paz, manoseamos la palabra, la sobamos, pero no creo que en realidad la entendamos. Se volvió como el discurso trillado de las reinas de belleza que solo dicen por quedar bien que “su escritor favorito es García Márquez, su personaje Teresa de Calcuta y su mayor deseo es la paz del mundo”.

Al presidente hay que reconocerle que desarmó a la guerrilla más antigua de América, contra viento y marea, contra la peor oposición posible y en medio de un país que inocentemente creyó que a una guerrilla se le puede derrotar militarmente y no creo que se haya dado ese caso en el mundo. Pero sentar a negociar a la guerrilla, es solo un pequeño y primer paso para empezar a vivir en paz.

Hay que pensar en los niños, porque los adultos están mucho más apegados a sus ideas y deseos, son más psicorígidos y ceden menos. Empecemos a educar en la paz a nuestros niños que crecen rodeados de violencia doméstica y mediática. Hay que sentarse con ellos y enseñarles alegría; a que vean el vaso medio lleno y no medio vacío. Enseñarles a manejar sus emociones y a que tienen derecho a sentirlas y expresarlas, pero sin gritos, sin pataletas, sin agresiones.

Hay que enseñarlos a negociar, a ceder, a ser flexibles. A que uno tiene derecho a un espacio pero el otro también tiene el mismo derecho. Hay que saber compartir, convivir y ser equitativos. Deben tener claro el respeto por el otro y por las diferencias. Y eso no es una materia como las matemáticas. Eso se enseña a través del juego, de la danza, del teatro. Se debería aprender con el ejemplo, pero es claro, que en Colombia, parte de lo que hay que combatir es precisamente el ejemplo. El ejemplo del “cómo voy yo ahí”, el ejemplo de primero yo y solo yo. El de las posiciones radicales, el de los dueños de la razón y de la verdad y el de te grito, te quito o te mato, si no haces lo que yo quiero.

Cuando miremos hacia la niñez y a la educación y les pongamos a ellos lo mejor de nuestro esfuerzo, solo entonces, podemos empezar a entender la paz y a vivirla. Y es un camino que debimos empezar a caminar desde ayer.