Como cristianos estamos llamados a ser discípulos fieles de Jesús y su Iglesia. Muchas veces no entendemos todo lo que esto significa y dejamos nuestros compromisos como discípulos en un simple discurso, que con el paso del tiempo se convierte en un estricto predicar y no aplicar, más que en un estilo de vida. Y es que precisamente eso es el discipulado: una forma de vida; es adoptar a Jesús como modelo y a partir de Él, ser testimonio y trabajar en la misión a la que hemos sido llamados, con aquellos que nos rodean, con el prójimo, con los más cercanos.

Pero ¿qué significa adoptar el discipulado como estilo de vida?

Es precisamente en nuestro diario vivir en donde tenemos la misión más grande, con nuestros más cercanos. Tengo un entorno en el que vivo, allí soy discípulo-misionero. La familia, el sitio de trabajo, la calle que frecuento, el barrio, la parroquia, la diócesis, son el campo a donde Dios me envía. Miremos detenidamente tres de estos contextos y a su vez veamos también cómo podemos llevar a cabo la misión en ellos, teniendo como referencia a Jesucristo.

El primer entorno que miraremos es la familia, la primera comunidad en la que participamos y quizá también el primer lugar en el que estamos llamados a ser luz y misioneros de Cristo. Siempre me confronta la popular frase que versa: “hay que ser luz en la casa”. Nuestra misión en nuestra familia es esa, ser luz. Mostrar a Jesucristo vivo, a través de la predicación de su palabra, que no solo se queda en palabrerías, sino que trasciende a los actos, es decir, nuestra misión en la familia es mostrar a Cristo vivo con nuestros actos, con nuestros testimonios, hacerle saber a los seres que amamos que en Él podemos encontrar también un amor incondicional. Es nuestra misión como discípulos hacer que nuestra familia conozca al Maestro.

El segundo entorno que tenemos es nuestro trabajo, aquel lugar donde desplegamos el conocimiento que adquirimos con el paso del tiempo. Podemos correr el riesgo de pensar que nuestro entorno laboral debe limitarse a simples funciones administrativas y que no es nuestro deber hablar en él de Dios. Ser discípulo misionero en el trabajo comprende anunciar y mostrar a nuestros compañeros que Cristo vive. Una forma de cumplir nuestra misión como discípulos en el lugar de trabajo es realizar nuestras obligaciones con amor, y sobre todo hacernos servidores de los demás, teniendo como eje fundamental las palabras del mismo Jesús, cuando le dice a sus discípulos que quien quiera ser el más grande tiene que hacerse el más pequeño de todos y el servidor de todos (Mc 9, 35). Anuncio de Cristo –también a través del testimonio-, actuar con amor y hacerse –a imagen de Cristo- servidor de todos, son las tres cosas que considero fundamentales para el cumplimiento de la misión que se nos ha sido dada en nuestro trabajo.

En el tercer entorno quisiera que viéramos aspectos del cumplimiento de nuestra misión en nuestra parroquia o grupo apostólico. En primer lugar tenemos la responsabilidad de formar en nosotros a Jesús y en lo posible, ayudar a los demás a formarlo. Como discípulos estamos encargados de velar por la unidad de la parroquia o grupo al que pertenezcamos, entendiendo que todos hacemos parte del cuerpo de Cristo al ser la Iglesia y que la ruptura de esta unidad, fragmenta también al cuerpo de Cristo. Considero también que es necesario entender que los demás también han sido llamados, y por tanto cumplen una misión, es preciso saber que nuestra misión también está ligada a la suya y por tanto debemos apoyarnos mutuamente. Estar siempre atentos a las necesidades de los demás es también clave en este entorno, hacernos servidores de los demás es un tema fundamental.

En conclusión, estamos llamados a cumplir una misión que se nos ha sido entregada por puro amor. Lo más importante en nuestra misión es mostrar por quien hemos sido enviados, es decir, ser reflejos claros del Maestro y las mejores armas que se nos han sido dadas son sus disposiciones, sentimientos y acciones. Continuar y completar cada una de esas cosas de Jesús es la mejor manera de cumplir nuestra misión en todos los ambientes cotidianos que vivimos en esta tierra.