¿Dónde está Dios? Es la pregunta que se hacen innumerables personas en la actualidad cuando ven en lo que ha se convertido nuestro mundo. Las guerras que azotan el medio oriente donde miles son víctimas, el rostro en lágrimas de los niños como su única arma para consolarse, la huida a las periferias de las familias que logran sobrevivir pero se enfrentan con barreras como lo son las culturales, la búsqueda de un mañana donde la esperanza aún se mantenga intacta, por parte las mujeres que han perdido el deseo de soñar, las madres que entierran a sus hijos cuando debería ser al revés, llevando la contraria a la naturaleza, el dolor que invade a los inocentes, la pugna que hacen los que tienen el poder sin importar el valor de la vida, las heridas que produce la violencia intrafamiliar que se ha convertido en el pan de cada día, y a esto sumarle la indiferencia de los buenos que detrás de un sillón planean arreglar el mundo, mientras señalan los intentos de unos pocos por un mejor mañana. Después de este retrato del mundo actual algunos creyentes se preguntan como los demás ¿Dónde está Dios? Otros, más liberales e intelectuales, no tan creyentes, dirán como el filósofo alemán: Dios está muerto.

Uno de los defectos más humanos es buscar culpables que traten de aliviarnos de nuestras propias decisiones y que la culpa se desvanezca en el aire. Por eso miramos al firmamento y lo llenamos de tantos porqués esperando que Él, que todo lo puede, venga a solucionar cada problema que inunda nuestra vida. Él que dice que es amor porque no mira hacia abajo, dicen los cínicos. Me pregunto: ¿Acaso Dios tiene la culpa de lo que le sucede al mundo? No, Él no tiene la culpa de que usemos nuestra libertad para cumplir los deseos de nuestro corazón que pueden ser hermosos y lindos pero solo dejamos que sean los más oscuros los que prevalezcan. Dejamos que solo nuestro interés sea el suficiente y el de los demás sea poco importante. Dejamos que el deseo sea superior a la humanidad y eso nos parece bien. No estaría mal una mirada hacia nuestro interior y revisar que esta hecho nuestro corazón, aunque seamos creyentes y vivamos una relación con Dios, a veces se nos olvida que nuestro prójimo es una bendición.

Con todas las fuerzas de mi pecho quiero decirte que Dios no está muerto, está en silencio…si, está en el silencio, trabajando por los que buscan una mejor vida, llorando con aquellos que lloran, sufriendo con el corazón por aquellos que han sufrido los embates de la guerra…con ellos esta Dios. Hoy es un día para que nuestros actos sean la sonrisa de Dios para toda la humanidad y pedirle en oración que utilice nuestra vida para ser bendición en este mundo donde cada día se pierde las ganas de vivir y para que entendamos de una vez por todas las palabras de aquel que murió en una cruz…