Vivir en un país libre es, indudablemente una bendición. No sabría como catalogar el vivir en un país relativamente libre y corrupto. Darío Echandía dijo, refiriéndose a Colombia “País de cafres” y en el diccionario se puede leer que cafre es un adjetivo que dice que Cafre es el individuo perteneciente a un grupo de los bantúes meridionales que habita en el África Austral.

fig. Bárbaro, cruel.
Zafio, rústico, ignorante.
Y cada día Colombia parece más, un país de cafres.

En fin, eso me desvía del tema. Lo que quiero decir es que por encima de muchas cosas, defiendo mi derecho a decir la verdad y eso, a veces cuesta el disgusto de quien la oye. Y no juzgo “al que le cae el guante”, o sea al que la oye, porque hay verdades que a mí tampoco me gustan. Pero las oigo a pesar de eso.

Por estos días conversaba con un amigo sobre un tema en el cual no coincidimos-Puede ser por edad, o por cuestión de gustos, en fin, no coincidimos. Y como ese algo es relativo al trabajo, di mi opinión y a él no le gustó y su respuesta me generó malestar y por supuesto esta reflexión.

La libertad es para ambos lados, es decir, para el mío y para el del otro y si las verdades que van de mi para el otro o las que vienen del otro para mí no nos gustan, pues ni modo, hay que recibir el golpe, asimilarlo y seguir. Seguir sin que esto deje heridas o se dañe la relación.

Esa es una enseñanza que debemos dar a los niños. Tú puedes decir lo que sientes y piensas, mientras no lo hagas con rabia o agresión.

Ya Las generaciones que estamos criadas estamos echadas a perder en ese sentido y por eso, tenemos el país violento que tenemos. Cualquier verdad nos parece una agresión y con agresión respondemos y no estamos enseñados a decir verdades sin intención.

De manera que tenemos el reto de educar con características distintas. Diciéndoles a los niños que cada quien tiene derecho a expresarse, pero debe hacerlo con respeto y sin herir al otro. Y ese otro tiene que aprender a no recibir como personales, las ideas que le expresan. Así esas ideas vayan contra lo que él piensa o siente, en el terreno que sea, incluyendo los temas que universalmente generan peleas : religión, política, futbol, sexo. En fin, lo que es claro es que por un desacuerdo no debemos perder un amigo y mucho menos un hermano o un hijo. Muchísimo menos general violencia o hechos violentos que tengan tristes y dolorosas consecuencias