LA MORAL CRISTIANA COMO PROYECTO ANTROPOLÓGICO (Segunda Parte)

Bien, hasta aquí hemos señalado los principales criterios de renovación teórico-praxicos del panorama teológico moral actual a la luz del Concilio Vaticano II, criterios con las cuales puede contar la moral para renovarse y proponer otros esquemas que realmente le permitan desplazar los anquilosados modelos tradicionalistas con los cuales se ha venido trabajando. Todos ellos se desarrollan bajo el supuesto epistemológico de considerar a la moral cristiana como consecuencia de una antropología teológico-bíblica

 

LA MORAL CRISTIANA COMO PROYECTO ANTROPOLÓGICO (Segunda Parte)

 

Bien, hasta aquí hemos señalado los principales criterios de renovación teórico-praxicos del panorama teológico moral actual a la luz del Concilio Vaticano II, criterios con las cuales puede contar la moral para renovarse y proponer otros esquemas que realmente le permitan desplazar los anquilosados modelos tradicionalistas con los cuales se ha venido trabajando. Todos ellos se desarrollan bajo el supuesto epistemológico de considerar a la moral cristiana como consecuencia de una antropología teológico-bíblica (especialmente la neotestamentaria) y, a sabiendas de que señalando directamente los nuevos fundamentos de la moral se señalan también de manera indirecta los errores en que se ha incurrido dentro del quehacer evangelizador de la Iglesia; tales realidades de aciertos y desaciertos las llamaron los Obispos Latinoamericanos en el siglo pasado: “luces y sombras” en el pasado histórico de la evangelización (Puebla # 13) , por eso, con este ejercicio de sospecha que es la nueva moral del siglo XXI, nos percatamos de las muchas sombras que han existido y, más aún, podemos delatar que muchas de ellas no se han eliminado del panorama pastoral de nuestro subcontinente latinoamericano, es más, muchas permiten mantener ocultos los intereses dominadores, nada éticos, ni nada morales, de un pequeño sector de la sociedad. Estas sombras, son entendidas por los Obispos (desde la reunión de Medellín, hasta su más reciente pronunciamiento) como cargas morales que lleva nuestro pueblo latinoamericano, son sombras que no le permiten ver y combatir su situación de opresión.

 

No podemos negar que gran parte de los planteamientos de esta nueva moral, resultan hirientes para algunos sectores de nuestra sociedad, y aún, de nuestra misma Iglesia; muchos no comprenden la neo-propuesta evangelizadora de la cual se deriva ella, o en el peor de los casos, ni siquiera intentan comprenderla, obstaculizando con su obstinada posición el proceso evangelizador-liberador en el que se encuentran comprometidos amplios sectores de la Iglesia, entre ellos algunas Comunidades Eclesiales de Base y nuevos movimientos apostólicos y sociales que aún sobreviven en el siglo XXI luego de sobreponerse a la crisis de la llamada “era del desencanto” o del “Fin de la Historia” de los años 80´s del siglo pasado.

 

Esta nueva moral a la cual nos sigue invitando el Concilio Vaticano II, es entonces también un llamado de atención para que inventariemos y revisemos nuestras metodologías teológicas en contraste con la realidad socio-moral e individuo-moral de nuestros pueblos, todo esto nos permitirá replantear los fines y objetivos de la evangelización tal y como están enfocados hoy para que sea realmente una evangelización “desde” el evangelio, “desde” la persona de Jesús el Cristo, que nos revela al Padre y nos comunica su Amor (= Espíritu Santo) para ser comunidad de hermanos.