222 Creer en Dios, el Único, y amarlo con todo el ser tiene consecuencias inmensas para toda nuestra vida:

Esto porque el que ama a dos señores, termina por odiar a uno y el odio es contrario a la doctrina cristiana, Así que el confiar toda nuestra vida al único y verdadero Dios, nos permite sentirnos amados y refugiados en su amor. Más que la consecuencia de amar a Dios es la recompensa de gozar de su paraíso, de la salvación eterna.

223 Es reconocer la grandeza y la majestad de Dios: “Sí, Dios es tan grande que supera nuestra ciencia” (Jb 36,26). Por esto Dios debe ser “el primer servido” (Santa Juana de Arco).

Amar a Dios, nos permite reconocer su majestad y su poder, experimentar que nada escapa a su amor y sentir que a pesar de nuestras limitaciones, Él se revela y nos permite conocerle. No amamos a Dios porque sea necesario para Él, sino como signo de agradecimiento por el amor que nos ha otorgado. Él es digno de alabanzas y bendiciones no porque sea su necesidad, sino porque nosotros reconocemos en el su grandeza poderío.

224 Es vivir en acción de gracias: Si Dios es el Único, todo lo que somos y todo lo que poseemos vienen de él: “¿Qué tienes que no hayas recibido?” (1 Co 4,7). “¿Cómo pagaré al Señor todo el bien que me ha hecho?” (Sal 116,12).

Pagarle a Dios todo lo que hace por nosotros es imposible, sin embargo, manifestarle nuestro amor es muestra de agradecimiento porque todo lo que somos y tenemos es obra de sus manos. Cada instante de nuestra vida es una oportunidad que tenemos para darle gracias a Dios. Es tener esa capacidad de asombro por todas las cosas que nos rodean, por un nuevo amanecer, por la vida, la naturaleza y cada situación que se nos va presentando en nuestro diario vivir.

225 Es reconocer la unidad y la verdadera dignidad de todos los hombres: Todos han sido hechos “a imagen y semejanza de Dios” (Gn 1,26).

La fe en nuestro Señor Jesucristo nos permite entrar en relación con los hermanos, de modo que podamos reconocer en ellos el rostro de Dios, y de esta manera le mostremos nuestra amor a través del encuentro fraterno como miembros de una misma iglesia.

226 Es usar bien de las cosas creadas: La fe en Dios, el Único, nos lleva a usar de todo lo que no es él en la medida en que nos acerca a él, y a separarnos de ello en la medida en que nos aparta de Él (Cf. Mt 5,29-30; 16, 24; 19,23-24): Señor mío y Dios mío, quítame todo lo que me aleja de ti. Señor mío y Dios mío, dame todo lo que me acerca a ti. Señor mío y Dios mío, despójame de mi mismo para darme todo a ti (S. Nicolás de Flüe, oración).

La creación es obra de Dios, por eso al decir que creemos en Él, reconocemos que debemos dar buen uso a su creación. De igual manera, no todo lo que hacemos nos conviene para nuestra salvación, por eso hay que pedirle al Señor que aparte de nuestra vida lo que nos puede separar de Él, pero también que nos muestre el camino, la cosas y las personas que nos acercan a su amor.

227 Es confiar en Dios en todas las circunstancias, incluso en la adversidad. Una oración de Santa Teresa de Jesús lo expresa admirablemente: Nada te turbe / Nada te espante Todo se pasa / Dios no se muda La paciencia todo lo alcanza / quien a Dios tiene Nada le falta / Sólo Dios basta.

Profesar nuestra fe en Dios en momentos de adversidad no siempre resulta fácil, de hecho en ocasiones renegamos y culpamos a Dios de nuestros fracasos, situaciones que llegamos a vivir por malas decisiones, o por cuestiones ajenas a nuestro querer, sin embargo, en esos momentos de tempestad y de lucha es cuando más estamos llamados a confiar en el Señor, porque contamos con la promesa de que Él nunca abandona a sus hijos, por eso como dice santa Teresa: Nada te turbe, nada te espante.