Estamos en el Mundial de Rusia y es un hecho contundente que la gente unida tras un deseo logra maravillas. Porque esa voluntad, le cambió el ánimo al equipo colombiano que se mantuvo con un pie medio afuera durante todas las eliminatorias. Una selección que de ser el excelente grupo que fue a Brasil, ese, que el director técnico logró armar hace cuatro años, configurado, estructurado, con jóvenes que se sudaron la camiseta y dejaron el sabor dulce tener un fútbol bonito y bien jugado, pasó a ser un equipo desordenado, lleno de estrellas, convencidas que el éxito estaba en cada uno por separado y no en el colectivo.

Colombia es un País que se levanta y se acuesta en medio de un baño de malas noticias, noticias de guerra, sangre y corrupción. Un País polarizado por los intereses mezquinos de la clase política, donde a nadie parece importarle el bien común. En el que los ciudadanos se aferran a los triunfos aislados de cualquier deportista para poder seguir adelante. Un País que solo se une para apoyar la Selección de fútbol. Solo por eso, los colombianos merecen que los futbolistas dejen tiras de piel en cada partido. Pero no sé si ellos, que son una muestra de lo que somos, tienen esa claridad.

No sé si son conscientes de la esperanza que se pone en sus piernas. Si les importa que sus resultados sean un segundo aire, una posibilidad de mostrar pecho que tiene la gente que sale día a día a trabajar motivado solo por un “me toca”. Si saben que son una de las pocas razones de orgullo que la prensa destaca en medio del diluvio de barro con que nos bañan cada día. Se logró ir a Rusia en un enorme esfuerzo colectivo que acompañó a los 22 futbolistas a Perú. Un esfuerzo que implicó rezos y promesas al cielo, en el que durante 90 minutos los de la cancha patearon y corrieron, protegidos por un manto de amor y de fuerza que sus coterráneos enviaron.

Ya sin la alegría de haber clasificado hay que tener muy presente que no haremos nada en Rusia si no recuperamos la humildad con que fuimos a Brasil. Si no lucimos una camiseta tricolor sabiendo que en ella van también los millones de colombianos que jugarán con los futbolistas y por último si no dejamos en los camerinos los egos inflados y saltamos a la cancha a disfrutar de un partido y a dejar el esfuerzo, el sudor y las agallas en el campo.