Yo quiero invitarlo a usted, joven cristiano, a ser de Jesucristo. A alistarse en el glorioso ejército de los que van a luchar la batalla definitiva por el gran Capitán (cf. Lucas 9, 57-58).

Yo quiero invitarlo a usted, joven, le repito, a ser de Jesucristo. A rendir todo su ser, toda su energía y todo su amor al Señor; a recibir la misión, a recibir la unción del Espíritu. Suplique usted para obtener la fuerza del Espíritu, que le dé poder para seguir estrictamente el Evangelio.

Yo quiero invitarlo a la gran campaña final que va a ver la restauración de la Iglesia, la renovación de la cristiandad, que va a contemplar el resurgimiento de una Iglesia viva y fervorosa: la Iglesia de los últimos tiempos. La que se está gestando para la lucha que se avecina. Tenemos que despertar la ciudad. La ciudad que está dormida y apostatando (cf. Filipenses 3, 12).

Con la fuerza del Espíritu, tenemos que responder, con una fe absoluta en Dios, a la dialéctica materialista.

Todos los jóvenes cristianos deben hacerse sentir en la ciudad. No pueden pasar sin afirmarse cristianos. El cristiano debe distinguirse. Lo peor que le puede pasar a un cristiano es no hacerse notar. El cristiano debe hacerse señalar con la mano, ¿cuándo llenaremos la plaza de jóvenes cristianos? ¿Cuándo se harán ellos sentir en la universidad? ¿Cuándo se afirmarán en todas partes donde se hallen?

¿Cuándo aparecerán los cristianos? Por ahora no se notan por ninguna parte. Por ahora se oyen los gritos de los no cristianos. El vocerío de los ateos. La vocinglería de todos los que se apartaron de Cristo. ¿Pero dónde están los cristianos?

Es necesaria la afirmación cristiana, serena, firme y valiente. Los cristianos deben reunirse en pequeños grupos o en grandes aglomeraciones, pero no masivas, y deben cercar la ciudad por todas partes, con la fuerza del Espíritu, con el amor ardoroso de Jesucristo.

La extensión del evangelio depende de usted, joven. En esta edad cósmica de nosotros, con la fuerza del Espíritu, depende de usted difundir y no dejar apagar la luz de Jesucristo.

En esto consiste la renovación en el Espíritu Santo. En recibir un entusiasmo, una fuerza íntima implacable, un desbordamiento del bautismo y de la confirmación que lo lleve por todas partes a decir que Jesucristo está vivo y que hay que implantar su doctrina, su espíritu en toda la sociedad. Usted en su pueblo, en su ciudad, en su vereda. Usted está llamado a ser el proclamador del adorable Cristo.

Renueve su fe bautismal. Busque la fuerza inmensa que recibió en la confirmación por imposición de las manos del obispo. El joven que no está en la lucha por Cristo, está apostatando. El cristiano tiene que llamar la atención, tiene que distinguirse y caracterizarse como seguidor de Jesucristo.

Es cierto que la batalla final contra el dragón la ganará Jesucristo. Pero esta batalla en la que estamos, la batalla de la fe en el colegio, la batalla de la fe en la universidad, la batalla de la fe en la cultura y en la política y de la justicia en el mundo, la debe también ganar el Señor Jesucristo.

Debemos descubrir el amor de Jesucristo en el mundo. No un Jesucristo de imágenes, sino un Jesucristo vivo, personal, precioso, real.

Los jóvenes cristianos no pueden quedarse mudos en estos momentos, cuando todos hablan, cuando todos gritan. No puede ser que el batallón de Cristo se rinda o se disperse con todo y banderas ante las hordas de los que niegan que Dios existe.

Jesucristo dijo que Él había venido a traer fuego a la tierra y que no quiere otra cosa sino que arda; ese es su propósito confiado a los jóvenes (cf. Luc. 12, 49). A usted le llega este escrito de un modo providencial. Es para usted, para que usted se rinda, para que usted se ponga firme ante Cristo y le entregue su juventud y le entregue sus ojos soñadores y le entregue su alegría y le entregue su corazón fuerte.

Colombia tiene que sentir la conmoción profunda del paso triunfal del ejército de Jesucristo, constituido por la flor de la juventud llena del Espíritu Santo. Tenemos que destruir las barreras. La barrera del escepticismo, la barrera de la burla, la barrera de la falsa ciencia, la barrera de la frivolidad, la barrera de la política egoísta.

Usted tiene que reunirse en pequeños grupos de jóvenes y hacer la guerrilla de Jesucristo. No duerma, no vacile, no se evada (cf. Heb. 12, 12).

Estos son los grandes tiempos que nos son reservados. La juventud penetrada por el Espíritu Santo. La juventud de la Renovación va a decir la gran palabra. Van a venir por todos los costados, por todos los caminos van a llegar los jóvenes jadeantes de Jesucristo, y usted va a ser un soldado alistado en sus filas.

Tome en sus manos su arma que es el Nuevo Testamento. Tenga el escudo de la fe, la daga de la esperanza, la lanza del amor, y luche la gran campaña (cf. Ef. 6, 10-17). No pierda usted su puesto de honor en la lucha final (cf. Ap. 21, 7). Aproveche su juventud que pasa. Predique oportuna e inoportunamente. Exija su puesto en la batalla más noble de todos los siglos. Decídase por Cristo, o por el dragón.

Haga el escándalo cristiano. Esta es la invitación que yo le hago a usted.