Seguir a Jesús es uno de los grandes desafíos en la vida; sobre todo, cuando uno viene de la vieja formación que era solo ir a misa, confesarse una vez al año y cumplir los mandamientos sin entenderlos o pensarlos mucho.

El caminar por la vida me ha puesto a tratar de entender y reflexionar sobre el mandamiento del amor, el mandamiento nuevo.

Tuve que empezar conmigo. Lo primero fue mirarme y quererme como soy, con mis defectos, gorditos, vejez y chocheras. Reconocerlas, aceptarlas y luego pelear contra ellas. A veces, son más fuertes que yo y me derrotan, pero sigo intentando.

Paso dos, aceptar a los demás y quererlos como son, sin tratar de cambiarlos. Y aquí empieza la dificultad porque por alguna extraña razón y cargados con un saco de errores, creemos que podemos decirle al otro como tiene que vivir y cómo le iría mejor en la vida si cumple al pie de la letra con nuestro consejo y si no lo hace, hasta nos molestamos.

Hay que aceptarlos y Jesús dijo “amarlos” como son, aunque sean drogadictos, asesinos, abusadores, envidiosos, huelan feo, vivan en la calle o tengan la piel verde y orar por ellos. Lo que no quiere decir alcahuetearlos o ser cómplices. Aceptarlos como a iguales a ti y a mí. Personas que equivocaron su rumbo, se enfermaron, o no tuvieron la misma suerte.

El tercer paso: sal de ti mismo, de tu comodidad y comparte. Entiende que la vida no gira solamente en función tuya y lo que te pasa. Que debes salir de ti y pensar en los otros. Es compartir con el otro, acercarte, ayudarlo y tenderle la mano si lo necesita.

Aceptar que sin importar el cargo que ocupes, el trabajo que hagas el más humilde, o el más importante, no te hace menos o más que el otro o de inferior o mejor calidad.

Se te irá la vida entera en ese propósito, pero al menos saliste de tu cáscara y trataste. Te diste cuenta que no hicieron gente de primera o gente de segunda, todos somos igualmente humanos con debilidades y fortalezas con defectos y virtudes. Nacemos y morimos de la misma forma y nos convertimos igualmente en polvo. Lo que cuenta es cuánto lograste crecer en ese camino.