La cotidianidad es una palabra que puede hacer referencia a cosas malas o buenas, eso depende de cómo se viva el día a día y de las decisiones que se tomen. La idea es centrarse específicamente en la decisión que todos toman algún día consciente o inconscientemente de hacer de la rutina lo más importante de la vida, esto es, que aunque se ore, se pase tiempo con la familia, se haga deporte o escuche música, se hace simplemente porque eso hace parte de la cotidianidad y no por una convicción o pasión.

 

Esto, pasa a cristianos y no cristianos, son comportamientos humanos, pero en los cristianos debe generar una dificultad y es, que la fe no se puede convertir en algo de rutina, la fe vivida sin pasión pierde su esencia y se va apagando en la cotidianidad. Se está viviendo un tiempo hermoso dentro de la iglesia católica, la cuaresma y no imagino que aquí, no sé coma carne los viernes solo por rutina cuaresmal más allá de una convicción más profunda. Este es un tiempo donde se hace una invitación a la reflexión y el cambio, a una preparación interior para vivir la fiesta de la resurrección de Jesús. Hoy, sería importante entender, que este camino de cambio y reflexión hay que vivirlo ahí en la rutina, en la cotidianidad de la vida, que no hayan transformaciones durante 40 días en alguien que no es, sino, que desde la realidad se pueda volver a vivir la fe con pasión, con entrega y así atreverse a soñar y a lograr esas cosas que parecen imposibles.

Recuperar esa esencia de la fe, hay que entenderlo hoy como una renovación del afán cotidiano, donde vivir con la alegría de la buena nueva sea la consigna y que a la vez hayan más esfuerzos por dar a conocer eso a otras personas. Esto no podría llevarse a cabo si la cuaresma no conduce a la reflexión sobre la presencia de Dios en la vida de cada quien y cómo debería esa reflexión tener consecuencias prácticas. Para eso, se hace necesario profundizar en las verdades de fe que se tienen, como eso incluye a todos como Iglesia en la realidad social que se vive, esas verdades se vinculan directamente a la cotidianidad; la cuestión es, que exigen una conversión real, que lleve a un nuevo modo de vida desde la creencia en Dios.

Por último, vivir la cotidianidad con lo esencial de la fe, significa apegarse a esas verdades con inteligencia y decisión, esforzándose porque las actitudes den cuenta de la convicción y la pasión con la con que se vive las elecciones que se hacen.

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