Una de las experiencias de la vida que más nos marcan como seres humanos es la pérdida de algo que amamos profundamente. Solemos poner nuestras seguridades en cosas que la vida nos quita o nuestras opciones nos piden dejar, y cuando eso sucede sentimos que una parte importante de nuestra existencia se extingue. Cuando todo lo que somos está puesto en cosas materiales o espirituales efímeras y éstas nos determinan, entonces estamos en el peligro de que cualquier día, en cualquier momento esas cosas se vayan.

Cuando ese riesgo que tememos se convierte en realidad, entonces nuestra vida se ve muchas veces en un sin sentido, carece de rumbo, sin ninguna clase de esperanza. Empezamos a caminar quejándonos de haber perdido aquello, nada nos logra hacer felices como lo que perdimos lo hacía. Nuestra felicidad se convierte en tristeza, nuestra mirada ante la vida es de resentimiento y todo se va volviendo sufrimiento. Es ahí cuando tú y yo tenemos que atender a la propuesta de Jesús.

Él nos invita a no poner nuestra seguridad en las cosas efímeras, e incluso nos pide que lo dejemos absolutamente todo. Siempre he visto ese “dejar todo” no como el abandono de todos nuestros bienes que puede que hayamos alcanzado con muchos esfuerzos, pues creo que la propuesta va mucho más allá. Creo que el dejar todo hace referencia al no querer tener nada más antes de tener a Jesús, es decir, buscar tener con nosotros primero a Jesús, entendiendo que todo lo demás que podamos conseguir no nos será tan necesario como tenerlo a Él.

No podemos seguir poniendo nuestra seguridad en lo pasajero, no podemos dejar que lo material nos deslumbre tanto que no seamos capaces de reconocer y aceptar la invitación de Jesús. Muchas veces quienes decimos ser cristianos permitimos que lo menos importante nos robe el interés y dejamos a un lado a Jesús.

Es necesario, dejarlo todo. Hay una canción del cantante católico Martín Valverde llamada “Y ahora te sigo”, en la cual hay una frase que habla mucho de esto, esa frase dice así: “...con pocos medios como Tú, tan solo rico de Ti” qué bueno sería que pudiéramos decir lo mismo, decir que, aunque no tengamos mucho para el mundo, lo tenemos absolutamente todo en la vida, porque tenemos a Jesús y solo tenerlo a Él nos hace ser los seres humanos más ricos del mundo.

No nos dejemos distraer ni robar la felicidad de las cosas pasajeras, sino más bien pongamos nuestra mirada sólo en Él y permitamos que nos haga ser ricos y felices a su lado.

 

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