No sé de donde surgieron los patrones de belleza femenina ni quien los impone o quién está detrás de lo que se debe usar o no, o de lo que se debe llevar o no. Lo que sí tengo claro es que nada de eso tiene comodidad. Por el contrario es una oda a la tortura y la incomodidad.

En estos días fui al salón de belleza a un procedimiento pequeño. A mi lado, a una señora, cuya cabeza iba de un lado para el otro mientras le cepillaban el cabello, al tiempo le aplicaban cera caliente en el bozo y le sacaban uno a uno los bellos extras de las cejas. La señora daba griticos de “ay” en varios tonos de acuerdo con el dolor. Luego se pegará pestañas postizas, pensé, y embadurnará su cara con base, sombras, se embutirá en una faja que la haga verse más estilizada y mantenga el proceso de lipoescultura recién hecho, se montará en unos tacones enormes para verse más alta y se irá a una fiesta a tratar de ser más linda que las otras mujeres, a verse más joven y a estar más a la moda.

Todo un proceso de maltrato que en últimas, no sé si alimentará su ego y vanidad lo suficiente para no necesitar píldoras para dormir, o largas sesiones de psiquiatra para poder lidiar con ella misma y con esa vida que vive sin saber si la escogió ella, la obligó la mamá, o la llevaron hasta allí los “qué dirán” de los que no la alimentaron, abrazaron o sostuvieron en los momentos difíciles de su crecimiento.

Me pregunto si vale la pena vivir para dar que hablar a los otros y no vivir pensando en cómo ser mejor persona, en cómo corrijo los errores que he cometido, cómo no repito con mis hijos o con quienes me rodean esas cosas tremendas que he criticado en los otros o que me han hecho. Cómo ayudo al que me necesita, cómo estoy para el triste… En fin cosas que me hagan crecer.

Aprecio estar peinada y lo mejor presentada posible, me arreglo de acuerdo a la ocasión y al lugar al que voy. No trato de decir que eso no juega. Lo que trato de expresar es si vale la pena hacer girar la vida sobre todo eso, que duele y daña, que es fugaz y pasajero únicamente. Y si la recompensa que se obtiene por unos segundos de gloria justifica el tiempo y el dolor con que se lograron.