Siguiendo los pasos de Jesús en la tierra en la última cena, el Papa Francisco inició el triduo pascual lavando los pies de 12 reclusos de la prisión de Paliano, que queda en la provincia de Frosiones. Había tres mujeres entre los 12 presos y dos reclusos condenados a cadena perpetua, también estaba un musulmán que se convertirá al catolicismo el próximo junio al recibir el bautismo, un argentino, un albanés e italianos.

Año tras año, el Obispo de Roma ha seguido con la tradición que tenía desde que era arzobispo de Buenos Aires, de realizar el lavatorio de pies así como lo hacía Jesús. En el primer año de ser Sumo Pontífice lavó los pies de 12 jóvenes recluidos en una cárcel romana, en año siguiente realizó lo esta misma actividad con doce discapacitados de distinta edad, nacionalidad y religión de un centro de ayuda, en el 2015 repitió este rito en la cárcel romana de Rebbibia, y el año pasado lavó los pies de 12 refugiados del centro de acogida de Castel Novo di Porto, en la provincia de Roma.

En el viernes santo el Sumo Pontífice celebró en la Basílica de San Pedro la ceremonia para conmemorar la Pasión del Señor, Liturgia de la Palabra, la Adoración de la Cruz y el rito de la Comunión.

El Obispo de Roma entró a la Basílica en una procesión solemne en absoluto silencio, simbolizando actitud de recogimiento y penitencia su Santidad se postró en el suelo para rezar ante la cruz de Jesús.

Tras la proclamación del evangelio en latín, el predicador de la Casa Pontificia, padre Raniero Cantalamessa explicó el significado de la cruz. “Cristo no vino para explicar las cosas sino para cambiar a las personas. El corazón oscuro no es solo el del malvado, escondido en el fondo de la selva, ni el de la sociedad que lo ha producido. En diferente medida, está dentro de cada uno de nosotros”. Después de estas palabras, se comenzó la adoración de la cruz en medio de una procesión que llego hasta el Papa Francisco, quien se quitó la casulla roja y besó la cruz que se dejó ahí para la adoración.

En la noche del sábado se celebró la vigilia pascual en la Basílica de San Pedro y el Obispo de Roma invitó a los asistentes a anunciar, compartir y descubrir que el Señor está vivo. “El Señor está vivo y queriendo resucitar en tantos rostros que han sepultado la esperanza que han sepultado los sueños, que han sepultado la dignidad” afirmó el Papa.

El Sucesor de Pedro basado en el evangelio de Mateo que relata la visita de María Magdalena y la otra María al sepulcro e invitó a encontrar en sus rostros llenos de dolor pero que no se resignan sin importar las circunstancias, los rostros de aquellos que han resistido el dolor y el peso de tanta injusticia humana.

Además, el Papa explicó el don de Jesús Resucitado es la promesa de Dios a su pueblo y es lo que se invitaba a anunciar en esa noche que ¡Cristo vive!

Al terminar su homilía en la vigilia Pascual, el Obispo de Roma invitó a los feligreses a volver, así como lo hicieron esas dos mujeres, “anunciar la noticia a todos los lugares donde parece que el sepulcro ha tenido la última palabra” concluyó.

Para concluir el triduo pascual el Papa Francisco rompió la costumbre en la misa pascual y en su homilía invitó a reflexionar sobre los dramas que hay hoy en día. “Pensemos un poco cada uno de nosotros en los problemas cotidianos, en las enfermedades que cada uno de nosotros hemos vivido” preciso su Santidad e invitó a los asistentes a preguntarse “¿Qué nos dice la Iglesia hoy ante tantas tragedias? – añadió- simplemente esto; la piedra descartada no resulta realmente descartada” aseguró el Pontífice, “las piedritas que creen y se aferran a esa piedra no son descartadas, tienen un sentido”.

Terminó su homilía diciendo: “Hermanos y hermanas esto es lo que quería decirles. Vuelvan a casa hoy repitiendo en sus corazones ¡Cristo ha resucitado!”.

Después de su homilía, el Sumo Pontífice inició su mensaje pascual diciendo: “Hoy, en todo el mundo, la Iglesia renueva el anuncio lleno de asombro de los primeros discípulos: ¡Jesús ha resucitado! Era verdad, ha resucitado el Señor, como había dicho”.

El Obispo de Roma resaltó que también hoy, “Él toma sobre sus hombros a nuestros hermanos oprimidos por tantas clases de mal”: a quien sufre la soledad y la marginación, a cuantos son víctimas de trabajos inhumanos, tráficos ilícitos, explotación y discriminación o graves dependencias. El Pastor Resucitado lleva también sobre sus hombros a los niños y a los adolescentes explotados y a “quien tiene el corazón herido por las violencias que padece dentro de los muros de su propia casa” – aseguró el Pontífice – y se transforma en “compañero de camino” de emigrantes forzados, que han dejado sus tierras a causa de conflictos armados, terrorismo o carestías”.

Concluyó este mensaje, recordando que: “los cristianos de todas las confesiones celebran la pascua y así resuena a una sola voz en toda la tierra el anuncio más hermoso: ¡Era verdad, ha resucitado el Señor!”

Después impartió su bendición Urbi et Orbi y para finalizar rezó el Regina Coeli, oración mariana que sustituye en el tiempo de pascua al Ángelus.