No sé si por la forma como nos educaron, o gracias al mundo materialista en el que nos tocó vivir, pero crecemos dependiendo de cosas y personas.

Es natural que mientras somos niños dependamos de la mamá que nos alimenta, nos cuida y nos educa. Pero de la mano de esa mamá, dependemos de un chupo, de una almohadita, de un muñeco… No dormimos si alguno de esos no está. Esa dependencia llega, a veces, a convertirse en un verdadero dolor de cabeza para los otros.

Luego dependemos de un amigo, una relación de pareja y construimos todo nuestro mundo aferrándonos a algo u alguien.

Por estos días vivo un aprendizaje que me generó esta reflexión. Aprender a soltar, a dejar ir.

Todo en este mundo es finito, se acaba. Cumple un periodo de tiempo en nuestra vida, durante el cual desarrolla una función. Llena un espacio, permite logros o maneras de lograr. Pero se acaba.

La primera claridad sobre el tema la tuve cuando llegué a vivir al pueblo en el que vivo y por gracia de la vida la cuenta de energía me llegaba por un valor muy pequeño sin importar cuánto consumiera. Hablando sobre el tema un amigo me dijo:”disfrútala porque todo lo bueno se acaba”. En efecto, un par de meses después se acabó.

Eso pasa con todo, personas y cosas. Nos acabamos, tenemos fecha de vencimiento. Por mucho que nos duela y que no queramos aceptarlo, tenemos caducidad.

No hemos sido capaces de enseñar de una manera positiva, que nos permita disfrutarnos más que agredirnos o competir con quienes amamos. Y eso tal vez se debe a que no queremos aceptar la caducidad.

La caducidad que es lo único seguro que tenemos. Mi reflexión pasa por decirte hoy: Disfruta a tu gente, a tus amigos, a tus cosas.

Se disfruta mucho más cuando se comparte. Entonces comparte todo lo que puedas. Regala, sal de lo que no usas que para otros será maravilloso. No atesores más allá de buenos momentos y buenos recuerdos. Lo demás, no solo se acaba, se daña, se pudre, se rompe y no te deja sino el dolor de la pérdida.

Si disfrutas a los tuyos, no les peleas, no les gritas y les expresas tu amor y admiración lo suficiente, no es que no te dolerá cuando se vayan, es que te quedara la conciencia en paz, sufrirás por la pérdida, pero esta será grata a tu memoria y no tendrá la carga pesada y terrible de la culpa.