Las palabras son una herramienta extremadamente útil, pero en muchas ocasiones por sí solas, no pueden lograr el cambio que soñamos. Es muy común y ahora más con las redes sociales, escuchar y ver personas que con miles de palabras, dan soluciones para problemas de la sociedad, o quejándose de todo lo que los rodea buscando siempre un culpable de todo. Pero cuando de actuar se trata muchos de estos dan un paso atrás, o a través de miles de excusas, no hacen nada para cambiar la situación que los aflige tanto y de cuál se quejan tanto.

Esto aplica para cualquier ámbito: De comunidad, político, cultural, ambiental etc. En las parroquias, es muy común escuchar que alguien siempre está hablando de las problemáticas de la religión o de su comunidad, pero cada vez que se le invita a actuar, a través de formarse, de un retiro, de un encuentro o cualquier otra herramienta, es la primera persona en colocar las barreras, en quedarse en el hablar.

Política, cultural y ambientalmente también se presenta muy seguido, sobre todo en las redes, donde ve uno a diario, un mundo lleno de personas cansadas del manejo del poder, sentidas por los desastres naturales, por las injusticias sociales, por todo, pero cuando miras su vida solo viven del quejarse, creen que ellos no hacen parte de la problemática y por consiguiente no están dentro de la solución.

Hoy quiero hacer un llamado y espero que todos lo pongamos en práctica, actuemos más, hablemos menos, los actos son testimonios, son pequeñas semillas que sembramos con la ilusión de ver crecer ese gran árbol del ejemplo. En nuestras comunidades, estamos llamados a servir, pero para esto es necesario formarnos; dejar que Dios actúe en nuestra vida; cambiar poco a poco lo que me aleja de Dios, y que está presente en mi cotidianidad; crecer en la parte espiritual, para no olvidar que si aceptamos este llamado, a ser agentes de pastoral, es para la gloria de Dios, no para el relucir.

Desde nuestro entorno también afectamos la parte social, política, cultural, familiar, mis actos son reflejo de mis creencias, pongamos en práctica los valores con los que nos educaron, que nuestra política de vida sea el amor, ese amor hacia mi trabajo, mi familia, mi país, mi entorno. No es una tarea fácil porque somos seres humanos, y en ocasiones nos gana la rabia, la pereza, la tristeza; pero tampoco es imposible y si poco a poco cambió tantas palabras por un solo acto de amor voy a empezar a hacer la diferencia, a cambiar eso que no me agrada, desde mi actitud, desde mi vida.

Jesús no tiene máscaras, pero tiene muchos rostros.