No hay nada más tradicional en la vida de un cristiano que vivir el Triduo Pascual, frente a esto, se corre el riesgo de quedarnos en la mera celebración, en los ritos que durante estos tres días se viven. Por eso es fundamental preparar la existencia para conmemorar lo que significa cada uno de estos días santos, para nuestra experiencia de fe.

El Triduo Pascual se inicia con el denominado Jueves Santo, donde vivenciamos cuatro momentos muy importantes para cada uno de nosotros como cristianos, la institución de la Eucaristía (1Co 11,24-25); se instituye el Sacerdocio ministerial ((1Co 11,25); se redescubre el Mandamiento del Amor (Jn 13,34-35); y éste asociado al don del Servicio (Jn 13,1-15). Cada una de estas experiencias son muy significativas, ya que nos deben llevar a comprender qué es lo que celebramos, involucrándonos de tal manera para que nuestra fe crezca y nos haga mejores seres humanos.
En la Eucaristía, el sacramento culmen de nuestra fe cristiana católica, conmemoramos la Última Cena que Jesús tiene con sus discípulos, ahí Él se entrega y nos deja el memorial de su donación por nuestra salvación. Pero no solo es recordar, sino es actualizar, el hecho que no bastó entregarse, sino que además ha querido quedarse con nosotros, en su Cuerpo y en su Sangre. Por eso es vital comprender lo que sucede cuando vamos a la Eucaristía, nos congregamos como discípulos a su alrededor, como hermanos entre nosotros para compartir el pan y el vino, haciendo crecer nuestra fe.

En un segundo momento, Jesús deja esta moción a sus apóstoles: “Hagan esto en conmemoración mía” (Jn 11,25), instituyendo lo que es el sacramento del Orden, entendiendo que es dar la facultad a quienes Dios da esta gracia, para celebrar esta cena que día tras día nos da salvación, nos lleva a la intimidad con Jesús, nos hace hermanos, nos compromete con Él en la construcción de un mundo más fraterno y solidario.

En el evangelio de Juan 13, 34-35, Jesús habla de un Mandamiento Nuevo, que realmente no tiene nada de nuevo, sino que es la actualización del mandamiento que ya en el Antiguo Testamento, Yahvé Dios había dado a su pueblo; el deseo de Dios es y ha sido siempre que nos amemos los unos a los otros, que tengamos la capacidad de hacernos hermanos, desde la experiencia de fe que vivimos, esto va a requerir que la expresemos en el servicio.

En el lavatorio de los pies que Jesús realiza a sus apóstoles y discípulos, está enmarcado el mandamiento del Servicio, que es la respuesta expresa del que ama a ejemplo de Jesús. En el mismo evangelio de Juan 13, 1-15, el Señor nos manifiesta, que estamos llamados a revelar en nuestra cotidianidad el amor que recibimos de Él, sirviendo a los hermanos en especial a los más pobres y necesitados.

Amados hermanos no perdamos la oportunidad de renovar nuestra fe, viviendo a plenitud, buscando comprender lo que celebramos para que nuestra vida tenga un sentido más cercano,al que el mismo Jesús quiso darnos, como guía para nuestra vida, en cada momento de la celebración de este Jueves Santo, alimentemos nuestras vidas y crezcamos en fe. Celebra, conmemora, ama y sirve…