Un tema siempre llamativo es del de Jesús que se identifica con el “pan de vida para dar vida”, porque conduce a pensar que los cristianos nos alimentamos de Jesucristo. Leamos juntos Jn 6,51-58 y detengámonos a mirar la donación de Jesucristo:

Juan 6,51-58
51 Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo. Si alguno come este pan vivirá eternamente; y el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo.
52 Los judíos se pusieron a discutir entre ellos: -¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?
53 Jesús les dijo: -En verdad, en verdad os digo que si no coméis la carne del Hijo del Hombre y no bebéis su sangre, no tendréis vida en vosotros.
54 El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo le resucitaré en el último día.
55 Porque mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida.
56 El que come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí y yo en él.
57 Igual que el Padre que me envió vive y yo vivo por el Padre, así, aquel que me come vivirá por mí.
58 Éste es el pan que ha bajado del cielo, no como el que comieron los padres y murieron: quien come este pan vivirá eternamente.

El tema eucarístico ocupa el lugar primordial señalando que la vida eterna depende de comer y beber el cuerpo y la sangre de Jesucristo (v. 54).

1. Jesús es el pan de vida, v.v.51-52

Los v.v.51 y 58 enmarcan el mensaje con la misma frase “pan bajado del cielo”, para mostrar el origen del alimento celestial y sus efectos de vida. Jesús se identifica con el pan, que ha bajado del cielo y por eso viene de Dios, que comido da la vida eterna con su carne, que es entregada por la vida del mundo. Los judíos entienden correctamente, ya no pueden dudar de que Jesús exige que coman su carne; pero es una exigencia imposible, y el solo pretenderlo es un absurdo. Los judíos, una vez más, se pierden ante lo que dice Jesús porque carecen de la fe que disipa las tinieblas.

2. Comer y beber, v.v.53-56

El mensaje central consiste en comer y beber el cuerpo y la sangre de Jesús (porque se repite en 3 ocasiones), señalando el maná con que alimenta Dios al pueblo y la sangre de la nueva alianza entre Dios y su pueblo, que produce:

  • Vida de un carácter tan pleno que se convierte en vida eterna. La plenitud de la vida comienza aquí y tiene su realización total allá. Alimentarse de Jesucristo produce una vida tan espectacular que no se acaba con la muerte, sino que trasciende hasta vivir plenamente con Dios.
  • Resurrección, porque la carne y la sangre de Jesús muestran que el ser humano no se acaba con la muerte, ni perece eternamente. El creyente que se alimenta de Jesucristo conoce la fuerza de la resurrección y para vivir con una mentalidad de victorioso y vencedor de los más grandes obstáculos.
  • Permanencia en Jesús, porque se hacen uno solo. Alimentarse de Jesucristo hace que el creyente y el Señor participen de una sola realidad: la unidad que conduce a permanecer en comunión con Dios.

La Eucaristía trae frutos maravillosos que conducen a vivir como victoriosos porque existe unidad total con Jesucristo resucitado.

3. Pan que viene del Padre, v.v.57-58

Vemos una síntesis del mensaje eucarístico, con los siguientes elementos:

  • Enviado por el Padre y bajado del cielo, porque Él es la fuente de toda vida a favor del mundo (Jn 6,40.51), debido a que Jesús es la manifestación del amor del Padre dado al mundo para su salvación (Jn 3,16).
  • Comer a Jesús produce sobreabundancia de la vida que el Padre ha comunicado al Hijo (Jn 10,10), generando una unión entre el Padre y el Hijo, el Hijo y el creyente, el creyente y el Padre. La unión perfecta entre el creyente y la Trinidad al alimentarse de Jesucristo.

Podemos concluir que:

  • La Eucaristía nos brinda la comunión plena con Jesucristo y con el Padre que lo envío.
  • La Eucaristía es el regalo del Padre por amor a nosotros, así que al alimentarnos de Jesucristo recibimos ese amor que fortalece la vida.
  • La Eucaristía produce frutos de vida plena hasta la eternidad y permanencia en la comunión con Jesucristo, para fortalecer la intimidad con Dios.
  • El creyente que se alimenta de Jesucristo recibe abundantes bendiciones que lo conducen a vivir sano y victorioso.