.Sobre el tema de la muerte y la resurrección tengo grabado en mi corazón una anécdota de mi infancia que siempre la recuerdo. Resulta que una persona cercana a la familia murió. Esa persona se había caracterizado por ser muy buena, no solamente por el papel abnegado que desempeñó como madre, hija y esposa, sino por la manera en que vivía el Evangelio de Jesucristo. 

Sobre el tema de la muerte y la resurrección tengo grabado en mi corazón una anécdota de mi infancia que siempre la recuerdo. Resulta que una persona cercana a la familia murió. Esa persona se había caracterizado por ser muy buena, no solamente por el papel abnegado que desempeñó como madre, hija y esposa, sino por la manera en que vivía el Evangelio de Jesucristo. Era alguien muy creyente, aunque no era católica, se esforzaba por poner en práctica las enseñanzas de Jesús. Hacía el bien siempre, sobre todo a los más necesitados. Tenía para cada situación una palabra precisa. El que llegada triste, en sus palabras encontraba consuelo, el que llegada con ira por alguna situación que le alteraba su estado anímico, encontraba en ella la paz interior y todo el que llegara a su casa con las manos vacías o con hambre, recibía algo y saciaba su necesidad. Aún hoy algunos se preguntan cómo lo hacía, lo cierto es que era una mujer sencilla, humilde pero lo poco que tenía a nivel material parecía multiplicarse en sus manos. Hoy entiendo que era una mujer que amaba a Dios y creía en sus promesas, especialmente aquella palabra que dice que cuando nosotros nos encargamos de sus cosas, Él se encarga de las nuestras. Ese don de gente la había llevado a ser considerada por la comunidad como un modelo de mujer de quien todos debían aprender.
 
El día de su muerte todos los integrantes de la comunidad sintieron que había partido una madre, sin embargo, para sorpresa de todos, en su hogar no había duelo, sino que su esposo y sus hijos, que también profesaban la religión de esta señora, habían armado una gran fiesta porque esa mujer que había acabado de morir muy pronto iba a resucitar para no morir nunca más, decían. Es más se atrevieron a ponerle fechas a la resurrección de esta líder. Ese acontecimiento iba a suceder unos días después en que comenzara el año 2.000, porque allí acontecería el fin del mundo y todas las personas como ella y los miembros de su familia iban tener la oportunidad de volver a estar juntos para siempre, disfrutando de la naturaleza, disfrutando de los paisajes, disfrutando del calor humano de otra gente buena como ellos, porque ya para esa época las personas que no vivieran su fe, serían condenadas.
 
Aunque en esta anécdota se mezclan el tema del fin del mundo con la resurrección de los muertos, me detendré sólo en el segundo. Al recordar este caso, encuentro que aún hoy muchos creyentes consideran que la resurrección acontecerá de esta manera. Muchos creen que cuando resuciten los muertos volverán a recorrer los campos, las calles de nuestras ciudades y además que podremos hacer las cosas y relacionarnos con los otros de manera como lo hacemos hoy. Esta es quizá la manera como los saduceos entendían la resurrección, razón por la cual no creían en ella, según lo presenta San Marcos en el capítulo 12 , 18 -27, sin embargo Jesús ante estas creencias es contundente: “ Yo soy el Dios de Abraham, el Dios de Isaac, el Dios de Jacob? Dios no es un Dios de muertos sino de vivos.” Cuando los muertos resuciten lo harán en una dimensión distinta, serán como ángeles y estarán unidos al señor por la eternidad. De alguna manera la palabra nos recuerda, mis hermanos, que es aquí en la tierra, en los ambientes en los cuáles tú y yo nos movemos donde disfrutamos del amor y de la misericordia de Dios, porque Él es un Dios de vivos y no de muertos.