Muchas ideas del oficio del portero, escritas por san Juan Eudes, podemos aplicarlas en este apartado. Estamos llamados a cuidar la puerta, a abrir la puerta de nuestro corazón a Dios y a los demás, porque si abrimos las puertas a Dios, a quien no vemos, y no las abrimos al hermano a quien sí vemos, somos unos mentirosos.

Abrir la puerta de Dios y la puerta de nuestra propia vida a los demás implica ser caritativos y corteses con los demás, acoger tierna y dulcemente a los que lleguen a nuestra vida, sean de la condición que sean. Hablarles con caridad y mansedumbre, tratar a todos de tal manera que ninguno quede descontento de nuestro trato, que siempre salga edificado por nuestra modestia, dulzura y piedad y que vea en nosotros como un espejo de la Iglesia, en el que se refleja el espíritu del cristianismo. A los pobres, en especial, hay que tratarlos con dulzura y benignidad, y ayudarlos en lo que se pueda, dándoles testimonio de compasión.

Abramos a los demás las puertas que llevan a Cristo y las puertas de nuestra propia persona. Sólo con Cristo eso es posible, él es la clave.

Colaborar para que los demás crucen el umbral de la esperanza.

Nuestra tarea es evangelizar. El fin de la evangelización es abrir el corazón de los hombres a la salvación que nos trajo Cristo. El fin de la predicación es hacer nacer y formar a Jesucristo en los corazones de los hombres y hacerlo vivir y reinar. Se trata de abrir la puerta del corazón de los hombres a la gracia divina.

María ha sido la gran evangelizadora que ha abierto corazones a su Hijo Jesucristo. En las bodas de Caná ayudó a cruzar el umbral de la fe y la esperanza en Cristo a los sirvientes: Hagan lo que él les diga (Jn 2, 5).

Bienaventurados quienes caminan por el sendero que les he trazado. Entren en la amable escuela donde deseo instruirlos, allí aprenderán la ciencia de los santos y la verdadera sabiduría. Feliz el hombre que me escucha y que se encuentra bien temprano a mi puerta, es decir, que comienza pronto a buscarme y que me hace todos los días un servicio.

Trabajemos para que los demás crucen el umbral de la esperanza y encuentren la clave de la vida, esto es, a Cristo.