Por Alberto José Linero Gómez, Eudista

 

Vivimos en una sociedad donde se desprecia a los viejos. Todo el mundo habla del record del más joven, a los que ya tienen más años se les mira con desdén. También es cierto que en esta sociedad no es fácil aprender a escuchar. Todos estamos siempre estimulados a hablar, a expresarnos, a contar lo que sentimos pero muy pocas veces se nos estimula para callarnos y escuchar atentamente.

 

Por eso, si hay algunos a los que cuesta escuchar más es a los viejos, ya que son los que menos cuentan en nuestra manera de vivir socialmente. 

Por Alberto José Linero Gómez, Eudista

 

Vivimos en una sociedad donde se desprecia a los viejos. Todo el mundo habla del record del más joven, a los que ya tienen más años se les mira con desdén. También es cierto que en esta sociedad no es fácil aprender a escuchar. Todos estamos siempre estimulados a hablar, a expresarnos, a contar lo que sentimos pero muy pocas veces se nos estimula para callarnos y escuchar atentamente.

Por eso, si hay algunos a los que cuesta escuchar más es a los viejos, ya que son los que menos cuentan en nuestra manera de vivir socialmente. Los jóvenes están seguros de que nosotros somos unos dinosaurios que no tenemos razón en nada y que definitivamente estamos fuera de onda por lo cual no vale la pena escucharnos. Es paradójico, pero comprensible desde estos ángulos, que los jóvenes que en casa se hacen de los oídos sordos y desprecian cualquier consejo que sus padres quieran darles en la calle sean exageradamente dóciles y atentos a los consejos que un amigo suyo, con la misma inmadurez que ellos y sin ninguna experiencia, les dé.  

Creo que se trata de aprender a tratar con respeto. Saber respetar es saber escuchar. Respetar a todos es saber escucharlos, de esa forma podremos desarrollar también la capacidad de tomar decisiones para nuestra vida. Necesitamos esforzarnos con actitudes bien concretas para lograr que nuestros jóvenes caigan en la cuenta que, respetar a los mayores, es escucharlos, es tratar de comprender qué es lo que nos dicen y no descalificarlos sin darles la oportunidad de que les hablen, estoy seguro que cuando se abren a su escucha son muchas las cosas que pueden aprender. Insisto, respetar es saber escuchar. Puede que no estemos de acuerdo y luego tengamos que expresarlo, pero es fundamental captar aquello que manifiestan y por qué lo están haciendo.

De alguna manera se trata de comprender que nosotros, los mayores, hemos vivido, hemos aprendido, tenemos muchas experiencias y algo sabemos de la vida. Se trata de reconocer que no solo ustedes, los jóvenes, son inteligentes y capaces, que nosotros también tenemos nuestras reflexiones válidas e importantes. Nuestros triunfos en la vida no han sido regalos sino el fruto de nuestro esfuerzo y capacidades y eso lo tienes que tener claro para decidir escucharnos cuando les hablamos a ustedes, nuestros jóvenes.

Creo que eres respetuoso, querido joven, cuando sabes hacer silencio, abrir la mente, disponer el corazón para escuchar atentamente lo que te están diciendo y procesar bien ese mensaje, para luego sí manifestar qué es lo que tú piensas. Los mayores tienen sus razones y hay que comprenderlas. Irrespetar a alguien es juzgarlo, condenarlo sin escucharlo y sin tratar de entender aquello que dice y por qué lo dice.

Puede que haya jóvenes que nos miren, a los mayores, como de otra época, incapaces de vivir y comprender el nuevo mundo, pero abrirse a lo que podemos decirles, aceptar la sabiduría que da las diferentes experiencias de la vida y los amplios horizontes de comprensión de la realidad que se han ido desarrollando con el paso de los años, les puede ayudar mucho a emprender actitudes que les permita ser personas felices, con proyectos claros.

 

Hoy te invito a hacer esfuerzos para aprender a escuchar. No dejes que las ganas de hablar te ganen. Respetar es saber escuchar, tú lo sabes y puedes hacerlo.