13 de marzo, 2017

Cuando hacemos a Dios responsable de nuestras fallas

A veces se nos hace fácil hacer responsable a otros de nuestros errores y aunque sabemos que nos hemos equivocado buscamos a quien culpar; incluso hemos llegado a responsabilizar al mismo Dios de las situaciones adversas que nos pasan. Cuando hacemos cosas que ponen en riesgo nuestra vida y la de los demás, no es asunto de Dios, sino que en nuestra facultad de libertad tomamos decisiones equivocadas, trayendo consigo tragedias o circunstancias que afectan nuestra integridad. Bajo esta mirada, somos nosotros quienes hacemos responsable a Dios de nuestros pecados, le atribuimos nuestras culpas y lo hacemos cómplice de nuestras caídas.

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La envidia es un mal sobre la tierra

Dolorosamente la envidia es un mal sobre la tierra. Sí, muchas personas sufren de envidia y hacen daño por esta terrible emoción. La envidia se entiende desde dos situaciones: desde el ser del otro y desde lo que posee el otro. Me explico, algunos envidian el estado del otro, el que el otro sea feliz. Les cuesta aceptar que su hermano, que su amigo sea feliz y envidian ese sentir, haciendo todo lo posible para que esa persona no lo sea. Eso explica porque hay ricos que envidian pobres, y seres “lindos” envidian a seres “feos”.

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¿Cómo adaptarnos a la llegada de un nuevo hijo?

En Colombia, es muy común la frase: “Cada niño viene con un pan debajo del brazo”. Pero hay situaciones donde la llegada de un hijo cambia la dinámica familiar sin que los adultos sepan muy bien cómo manejar esa situación. Uno de los casos, en que esto puede suceder, es cuando el bebé que va a nacer no es el primero y su hermano mayor cambia de comportamiento y aparecen los problemas. La adaptación para esta situación, debe ser un proceso que requiere tiempo y esfuerzo.

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María: “Dichosa la que ha creído”

148 La Virgen María realiza de la manera más perfecta la obediencia de la fe. En la fe, María acogió el anuncio y la promesa que le traía el ángel Gabriel, creyendo que "nada es imposible para Dios" (Lc 1,37; Cf. Gn 18,14) y dando su asentimiento: "He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra" (Lc 1,38). Isabel la saludó: "¡Dichosa la que ha creído que se cumplirían las cosas que le fueron dichas de parte del Señor!" (Lc 1,45). Por esta fe todas las generaciones la proclamarán bienaventurada (Cf. Lc 1,48).

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